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El lectoespectador, porque ya no somos lectores ni espectadores


Portada del libro
Portada del libro

Vicente Luis Mora es crítico literario, ensayista, escritor español y reciente autor de la obra  «El lectoespectador». El texto se ocupa de presentarnos el nuevo entorno en el que se desarrollan la comunicación y la creatividad narrativa, y para ello  contempla medios como Google, Twitter, la televisión o la literatura a medio camino entre el texto y la imagen. El lectoespectador también profundiza en temas literarios ya que, a juicio de Mora: el narrador es hoy quien más atención está prestando a la realidad; el novelista es quien nos está contando ahora los cambios en directo.

De esta forma, El lectoespectador acentúa  la división entre aquellos escritores que permanecen alejados de la red y los que prácticamente viven inmersos en ella. Y eso no hace más que plantearse una serie de dudas que avivan el debate sobre la narrativa y que dan pie a una reflexión subjetiva respecto a la extrema importancia  que se le está dando al medio, por sobre el mensaje. De esa forma comenzamos a olvidar que lo principal es la calidad de los textos, la forma cómo estos se comprender e  interpretan, más que el formato o fondo.

La inmediatez de internet no debe implicar además, como menciona Mora, la desaparición del proceso de selección y edición- algo importantísimo en el resultado final de la obra narrativa- ya que sin edición, depuración y corrección nos abocamos a leer textos en estado bruto. Las posibilidades formales y estructurales que nos proporcionan las nuevas tecnologías son muy interesantes e inspiradoras de nuevos ámbitos en los que desarrollar esos textos. Pero el hecho de usar esas tecnologías no implica que el texto “ascienda” a una división superior.

Obviamente el libro está disponible en versión Kindle
Obviamente el libro está disponible en versión para Kindle

Tampoco usar unos mismos medios para difundir  opiniones y textos, y también -por qué no- para publicitarlos, permite que se compartan  intereses narrativos. Por eso, lo  que desarrolla Vicente Luis Mora en El Lectoespectador es una visión de futuro prometedora e interesante. Nos anima a seguir las múltiples vías y posibilidades que nos ofrecen los medios digitales y la necesidad que tenemos todos de explorarlas intensa y extensamente, descubriendo en esa búsqueda las probables nuevas formas de la narrativa futura.

En definitiva, la obra pretende generar diálogo y tiene el valor de enmarcar un debate, al que tarde o temprano todo aquel que se dedica a la literatura acaba enfrentando y que hace referencia a cómo estar a la altura de nuestro tiempo, exponiendo al lector a una nueva cosmovisión que contrasta con una obsoleta mirada al presente teconológico. Bajo esta premisa el autor despliega en 17 capítulos (contando prefacios, apéndices…) una determinada visión del mundo, de la literatura y de la crítica en la que la tecnología que nos conforma como hombres hoy tienen un papel importante. Grosso modo la filosofía se puede dividir en tres grandes grupos: la metafísica (que da cuenta de cómo es el mundo); la epistemología (que da cuenta de  cómo conocemos el mundo) y la lógica (que da cuenta de qué razonamientos son válidos). De forma similar, Mora expone cómo es el mundo hoy: Pangea; cómo se conoce este mundo hoy: a través de la imagen, y en el caso de la lectura a través del lectoespecatador, y expone algunos silogismos en la era de internet. Así, y aunque no están citados directamente en libro, se pueden leer en la cuenta de twitter del autor algunas de sus consideraciones sobre las redes sociales

 

Vicente Luis Mora
Vicente Luis Mora

En palabras del autor «De un tiempo a esta parte me he dado cuenta de que me siento algo saturado. Creo que mi falta de respuesta a algunos libros que en otras circunstancias hubieran sido reseñados (El rey pálido, Libertad, etc.) se debe a que siento cierto cansancio en lo tocante a lecturas «obligadas». Durante unos meses voy a dejar la crítica literaria de actualidad, centrándome en lecturas realizadas por puro gusto, sin necesidad de opinar sobre ellas. Haré algunas recomendaciones puntuales, sin honduras analíticas, y aún tengo que subir la lectura de una reciente edición de Gargantúa y Pantagruel, pendiente de publicación en otro lugar. Cuando vuelva, lo haré con las pilas cargadas y con voluntad de seguir compartiendo lecturas, como hasta ahora. Hasta entonces, El lectoespectador es mi aportación crítica a la conversación. Ojalá os guste.»

Si quieres más detalles se la obra,  puedes revisar el  índice desde el blog del autor.

Mora, Vicente Luis El Lectoespectador. Barcelona: Seix Barral, 2012. 288 p.

ISBN: 9788432214080

Fuentes: El lamento de Portnoy y Entrefragmentos

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La endemoniada de Santiago de José Raimundo Zisternas

Portada del libro
Portada del libro

Me llamó la atención el nombre del texto,  debido a que es homónimo de una novela que había leído anteriormente de Braulio Arenas. Tras leer las primeras páginas me di cuenta de que era muy distinta, ya que en la obra de Arenas, esta “endemoniada” es un personaje más bien ligado a lo onírico, a lo fantasmagórico. Un personaje literario.

La otra “endemoniada de Santiago” o Carmen Marín fue una joven de diecinueve años de edad, quien sufría extraños padecimientos inexplicables a simple vista. Fue revisada por distintos especialistas médicos y sometida a diversos tratamientos infructuosos. Este caso llevó a sacerdotes y a médicos a estudiar el extraño comportamiento de la muchacha durante el año 1857 en Santiago de Chile. Este libro consiste en los relatos  de quienes fueron testigos de los hechos, especialmente del presbítero José Raimundo Zisternas.

Al editor del libro le costó dos años de trabajo investigar y recopilar los antecedentes de este caso, con la finalidad de escribir una novela, sin embargo, optó por publicar íntegramente la crónica de Zisternas y las cartas de los doctores a quienes se les pedía la opinión profesional. Cada uno de los testigos declaró su apreciación al señor Arzobispo, formándose así el primer debate psiquiátrico registrado entre la ciencia y la fe.

Los testimonios son estremecedores, sobre todo cuando se leen cartas de los médicos que la examinan y que presencian los ataques y los delirios de Carmen Marín, declarándose incompetentes para emitir algún tipo de diagnóstico: “Empleando en ella un prolijo examen médico, observé cosas que me dejaron un vacío inexplicable. El sacerdote que la asistía me indicó si deseaba ver los efectos que producían en ella las oraciones de la Iglesia, a lo cual accedí, y entonces vi que en el transcurso  del rezo las convulsiones y síntomas enumerados se exasperaban al extremo de darse horribles golpes en el cráneo sin manifestar signos de sensibilidad; y cuya excitación se calmaba una vez que se concluía de recitarlas y al mandato del sacerdote en el nombre de Dios”. (Informe del doctor Eleodoro Fontecilla).

Carmen Marín desorientó a médicos y a sacerdotes, debido al impacto que produjo en aquellos que contemplaban sus síntomas: fuertes convulsiones, sonido estomacal y una extraña presencia en él que le provocaba una gran hinchazón del vientre, fuerza inusual, conocimiento de distintos idiomas, intolerancia a todo lo sacro, obediencia a las órdenes de los sacerdotes, entre otras cosas. Finalmente, se decidió practicarle un exorcismo.

Por otra parte, se pueden leer las conclusiones del doctor Manuel Antonio Carmona, quien consideró que Carmen Marín sufría de una “histeria convulsiva en tercer grado” y que cada uno de sus síntomas era perfectamente explicable bajo este diagnóstico.

La contratapa del libro dice que es el rescate de un documento aterrador, y creo que es cierto, pero no solamente por los signos demoníacos de la enferma, sino principalmente por el trato que tenían los enfermos mentales de aquella época, víctimas de una sociedad morbosa que hacía del horror un espectáculo (la joven tenía en ocasiones la habitación con más de cincuenta personas expectantes). Es más aterrador aún si pensamos que nuestra sociedad actual aún cercena a los enfermos mentales o que sufren algún tipo de patologías. De las cruces y exorcismos de los sacerdotes iracundos se les cedió el paso a los fármacos y manicomios de los psiquiatras.

Es un documento histórico recomendable, interesante de leer y bien construido.

 

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Larsson, I love you

Stieg Larsson y portada del libro
Stieg Larsson y portada del libro

Confieso que cuando comencé a leer este libro no le tenía nada de fe. Con sus más de 600 páginas, lo encontré largo y el nombre me pareció extraño. Sin embargo, la persona que me lo prestó en ese minuto me dijo que no me fiara de mi intuición, y que me dedicara a leerlo. Tenía toda la razón.

Stieg Larsson, su autor, es el responsable de mi adicción a esta historia y sus personajes. Admiro y destaco sus detalles y la forma como este novelista sueco unió las diferentes situaciones de forma paralela, sin perder la intensidad del relato.Los hombres que no amaban a las mujeres cuenta las vivencias del periodista Mikael Blomkvist, encargado de investigar y solucionar extrañas situaciones ocurridas dentro de una poderosa familia sueca. En el camino se une Lisbeth Salander, lejos mi protagonista favorito, intenso y enigmático personaje, clave en la historia y su desenlace.

Afiche publicitario de la película, con el personaje de Lisbet Salander
Afiche publicitario de la película, con el personaje de Lisbet Salander

En la novela Larsson aprovecha de hacer una fuerte crítica al modo en que la sociedad sueca, aparentemente ordenada y tolerante, trata a aquellos que no parecen encajar en sus normas. Entre esas, a Salander.

Por el bien de los adictos a este primer relato, Larsson continúa su historia en dos libros aún más intensos, siguiendo con su característico estilo y crítica social. Advierto que si la novela te agarra, vas a sufrir un poco al terminar el último libro (me pasó), pero [email protected], según me han contado, Larsson antes de su muerte dejó escrita parte del cuarto libro, el cual se supone terminará de editar Eva Gabrielsson, su pareja durante más de 30 años.

Si además de la trilogía te gusta el cine, aprovecho de recomendarte las películas de las novelas, las cuales interpretan a la perfección cada uno de los personajes y las historias en general. Eso sí, no veas la versión americana: prefiere la sueca.

Los otros libros de la trilogía son: