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Fomento lector

Los Juegos del Hambre v/s los Juegos del Libro

Este fin de semana ví en video «Los Juegos del Hambre«, historia de la que había oído hablar mucho. Confieso que ni me había acercado al film o al libro (mejor dicho a la trilogía ya que es una saga de tres novelas de la escritora norteamericana Suzanne Collins). Pero tuve algunas motivaciones extras que me impulsaron a ver la película, gracias a lo cual descubrí una historia interesante y  me dieron ganas de leer los libros. Como me quedé con gusto a poco esta obra se transformó en nueva alternativa de lectura para mis deseos lectores 2013.

research

Pero volviendo al punto, decidí verla no sólo por mera entretención, también porque  la gamificación ha sido uno de mis intereses este último tiempo, y aunque no lo crean hay relación entre una cosa y otra. ¿Curiosos por conocer ese nexo? les cuento: unos  bibliotecarios de la Universidad de Texas desarrollaron un video titulado «The Research Games: you learn or you die» (Los juegos de la investigación: o aprendes o mueres») el cual se inspira completamente en la película «Los Juegos del Hambre». El video tiene dos partes (de 9 y 2 minutos respectivamente), y es un trabajo de muy buena calidad, con casting, desarrollo de personajes, trama, locaciones, vestuario, maquillaje y toda la dedicación que un trabajo de este tipo merece. De acuerdo a lo que revisé, el video se basó en  «Los Juegos del Hambre» porque se necesitaban una historia popular que hiciera verosímil el hecho de jugarse el «todo por el todo», y por la necesidad de recurrir al concepto de «mentores» para  tener ayuda. Pues bien, los astutos bibliotecarios usaron su buen humor  y se prestaron para disfrazarse y adquirir diversos roles como forma de evidenciar la ayuda que un bibliotecario le brinda a un estudiante universitario: de esa forma nace el  experto en artes marciales, otro especialista en estrategias bélicas y en guerras. Otros, en cambio, conservaron un rol más tradicional, y se quedaron con los roles de la bibliotecaria del fondo histórico validando la importancia del libro impreso,  y el bibliotecario «computín» o tecnológico experto en TIC’s y en tecnología de punta para diseminar información, etc.

A los universitarios la ayuda les caía del cielo a veces, al igual que en la película
A los jugadores universitarios la ayuda les caía del cielo a veces, al igual que en la película

Los videos tienen muchos guiños a la película, incluyendo el hecho que sólo un ganador logrará sobrevivir en estos «Juegos de la Investigación».

¿Relación con la Gamificación?

Por ahora todo parece indicar que los bibliotecarios de Texas produjeron estos videos con tres objetivos:

a) Motivar a los estudiantes de los campus de su Universidad a usar los recursos de las bibliotecas (presenciales y virtuales)

b) Destacar el rol del bibliotecario

c) Potenciar las habilidades informacionales como un arma a favor de los universitarios. Después de todo, si un estudiante no sabe buscar información, ¿cómo va a estudiar?

Sin embargo, relacionando el juego con la Gamificación, no observo una continuidad del video, tanto en concursos u otras actividades que exijan un rol más participativo de los alumnos en relación al video o al mismo hecho de investigar  usando todos los recursos de información que las bibliotecas disponen. No deja de causarme extrañeza este hecho, ya que «Los Juegos de la Investigación» ejemplifica muy bien la importancia de ser rápido y preciso en las búsquedas de información, especialmente cuando hay poco tiempo para estudiar y estamos invadidos por información de todo tipo y calidad. Pero al parecer esta etapa del trabajo considera sólo la parte audiovisual y la motivación de la historia.

Sería interesante saber si en las bibliotecas de la Universidad de Texas planean  darle un giro a la historia recurriendo a estrategias de gamificación. Por ahora, con la interrogante presente, les dejo el video introductorio:

Y su continuación, el desenlace de la historia y el ganador de «Los Juegos de la Investigación»

¿Y los  Juegos del Libro?

En la historia vemos que los alumnos son retados a buscar de la forma más rápida un ejemplar de «El Arte de la guerra« de Sunt-Tzu. La prueba es planteada por una de las profesoras de la universidad. Para sortearla, los alumnos recurrirán a toda suerte de alternativas: algunos lo descargan de una base de datos, otros corren a las estanterías a buscarlo, otros recurren a la copia de reserva, etc. Se muestran varias opciones para obtener el preciado tesoro y ganar la competencia, validando el hecho que unas soluciones consideren una copia impresa, otra digital, u otra de una base de datos.

En las bibliotecas nos vemos puestos a prueba constantemente para promover los distintos recursos de información por los usuarios. En mi caso, trabajando en el  Sistema de Bibliotecas de la Universidad del Pacífico todos los años junto a mis colegas y equipo de trabajo me veo en la necesidad de enseñar a los alumnos de primer año a usar la biblioteca durante las primeras semanas de clases. Para ello hay diversas formas de realizar la llamada «inducción de usuarios»: un video, un tutorial, una charla masiva, una clase, etc. Desde hace años enfrento la misma situación, y últimamente he recurrido a otras dinámicas para hacer de la biblioteca un lugar popular entre los novatos universitarios. Desde hace un tiempo realizamos charlas especializadas en la sala de clases de los alumnos de primer año, de acuerdo a las distintas carreras, momento en el cual les enseñamos a usar los distintos recursos de acuerdo a las necesidades específicas que su disciplina demanda. Este año hemos decidido complementar ese trabajo con una parte lúdica basada en la gamificación.  Y es así como nacen «Los Juegos del Libro». Concuerdo en que el juego de palabras puede no ser tan novedoso, especialmente después de ver el video, pero creo que le da un giro interesante usando el nombre de un libro que ha sido popular entre los jóvenes.

Por ahora, «Los Juegos del Libro» no han comenzado, precisamente estamos preparándonos para ello, informando en redes sociales esta novedad, pero prometo que cuando el juego termine, les contaré cómo ha resultado y que conclusiones saco de esta iniciativa.

Sería interesante conocer la opinión o ideas de los lectores de Leamos Más frente al eterno reto de masificar el uso de las bibliotecas y de la lectura entre sus usuarios. ¿Nos contarían sus experiencias?

¡Ese si que es un desafío digno del mejor de los juegos!

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Contra la animación lectora III: El Ejemplo

Esta es la tercera -y última- entrega de la serie. En la primera parte expusimos las razones por las cuales hacer animación lectora para los jóvenes y adolescentes sería contraproducente. En la segunda, señalamos actitudes y casos en los que se podía fomentar la lectura juvenil sin caer en las situaciones que se señalaron en la primera entrega. Ahora, en la tercera, nos corresponde dar un ejemplo concreto y detallado que pueda, eventualmente, servirles como idea:

Debido a que no supe cómo bautizarla, terminó llamándose “Club de lectores”. La idea es muy sencilla, consiste en organizar grupos de cuatro personas y hacerlos conversar sobre las cosas que disfrutan hacer en su tiempo libre. Muy probablemente aparecerán cosas como videojuegos, series de televisión, deportes, hobbies varios… la lista puede ser larga, pero es probable que los libros no estén en ella.

La sociabilización de la lectura, especialmente entre los jóvenes, es un aspecto que se debe propiciar a través de distintas actividades
La sociabilización de la lectura, especialmente entre los jóvenes, es un aspecto que se debe propiciar a través de distintas actividades

Este “hacerse cargo” implica averiguar algunas cosas sobre este texto con el fin de exponerlo a los compañeros para evaluar si se lee grupalmente o no. Dentro de los aspectos a averiguar se pueden contar: la vida del autor, películas basadas en el libro, a cuantas lenguas ha sido traducido,  si hay ediciones de lujo, si es parte de una saga, etc. Con la información recabada, cada joven debe presentar al grupo un texto distinto y -sin necesariamente haberlo leído-  tendrá que “recomendárselo” (o no) al resto del grupo. Después de que todos hayan defendido su texto, tendrán que decidir entre todos qué texto leerán grupalmente, una vez que esa decisión esté tomada, serán ellos mismos los que tendrán que planificar  la lectura: decidirán cuántas sesiones tendrá el “club”, considerando que, en cada una de ellas, tendrán que conversar sobre lo que pasa o pasará en el texto que leen, qué impresiones tienen, si les está gustando o no, etc. Al correr de las sesiones del club podrán tomar decisiones como abandonar el texto, cambiarlo por otro, etc. Pero cada una de esas decisiones deben comentarse y justificarse al monitor o profesor que supervisa la actividad. Finalmente, en el caso de que se trabaje con varios clubs de lectores simultáneamente (como suele pasar en un curso de cuarenta o más jóvenes) se tendrá que poner una fecha límite para el término de la lectura y, cuando ese plazo se cumpla, cada club tendrá que presentar (recomendando o no) al resto de los clubs el texto que han leído. En este momento es posible que los clubes intercambien textos, si eso llegara a suceder, intenten promover que ambos clubs se reúnan a intercambiar impresiones sobre el texto.

Un ejemplo concreto
A la hora de leer, todos los lugares valen. No hay que dupeditar la lectura a un espacio físico como la Biblioteca. Debe haber libertad para que lean dónde y cómo quieran
A la hora de leer, todos los lugares valen. No hay que supeditar la lectura a un espacio físico como la Biblioteca. Debe haber libertad para que lean dónde y cómo quieran

Quizás la descripción no ha sido del todo suficiente, así que para facilitar la comprensión de la actividad propongo lo siguiente. Supongamos que el grupo ha decidido que el tema que les interesa es el de los zombis porque todos ven la serie “The walking dead”. Entonces buscaron textos (de cualquier tipo) que se relacionaran, directa o indirectamente, con el asunto de los zombis. Cuando comenzaron a investigar se dieron cuenta de que la serie estaba basada en el cómic homólogo del estadounidense Robert Kirkman (primer texto, un cómic de 2010), luego encontraron que “Frankenstein” de Mary Shelley se considera como el precursor de la idea “zombi” (segundo texto, novela de 1818), más tarde dieron con que en 2008 se publicó en español Zombi- guía de supervivencia” (tercer texto, manual) del estadounidense Max Brooks, así se cruzaron con que el mismo autor, escribió “Guerra mundial Z” (cuarto texto, novela de 2006) y, finalmente, ésta última novela los llevó a la película homónima que protagoniza Brad Pitt, y que se estrenará en 2013.

 

¿Ventajas de este ejemplo?

  • Se respeta la autonomía del estudiante. La figura del profesor o monitor no los está dirigiendo directamente (pero sí supervisa desde lejos),  pues son los propios jóvenes los que gestionan todo el proceso. Recordemos cuán importante es para los adolescentes (y no sólo para ellos) la pertenencia y la aceptación dentro del grupo de pares.
  • Potenciar el afán de investigación de los jóvenes, ya que sembrar la curiosidad para satisfacerla mediante la lectura les plantea un desafío que, en el mejor de los casos, deviene en motivación.
  • La lectura se socializa. Es sumamente importante que los jóvenes puedan compartir con otros sus lecturas, pues así se darán cuenta de que,  aunque el texto sea el mismo, las comprensiones e interpretaciones pueden ser distintas y que, a través del diálogo, pueden enriquecer su punto de vista o, simplemente, contrastarlo con los de otros.
  • Se trabaja la oralidad al pedir que cada uno fundamente las razones por las cuales el libro que escogió es el más entretenido o interesante para grupo.
  • Fomenta el trabajo de equipo al lograr que los jóvenes negocien el libro que leerán.
  • Promueve la planificación de un proceso continuado, ya que son ellos los que determinan qué partes leen, cuánto tiempo demorarán y en cuántas sesiones van a abordar el texto.
  • Propicia la confianza entre el adulto y los jóvenes. Ya que el adulto (sea profesor, bibliotecario o quien sea) tiene la posibilidad de comprobar que los jóvenes pueden llevar a cabo exitosamente procesos complejos sin la mediación de los adultos.
¿Y las desventajas?
  • Implica que los alumnos trabajen en forma ordenada, lo cual no siempre se logra en una sala de clases. De todas maneras,  para supervisar el desarrollo apropiado del proceso estamos nosotros.
  • Requiere trabajar en un laboratorio con computadores conectados a internet
  • os chicos deben estar familiarizados con  algunos sitios web en los que se reseñen  libros, pero esto no resulta tan complejo si previamente se les muestran algunos de los sitios mencionados arriba.

Esta actividad es sólo un ejemplo de todo lo que podemos hacer con los jóvenes, lo importante es nunca perder de vista que para diseñar actividades realmente motivadoras, debemos darnos el tiempo de acercarnos y, en la medida de lo posible, conocer los gustos e intereses de esos a quienes intentamos fomentar el goce de la lectura. También es imprescindible recordar que las recomendaciones son más valiosas si provienen de los pares, por eso es importantísimo potenciar el carácter socializador de la lectura.

De aquí en más la labor es suya, procuren desplegar toda su creatividad para diseñar actividades que les permitan cautivar con la lectura a todo aquel que pillen desprevenido.

Referencias bibliográficas disponibles para su descarga:

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Columnas y artículos

Contra la animación lectora II

Lo prometido es deuda, así que heme aquí dispuesta, en la medida de lo posible, satisfacer las expectativas del primer artículo «Contra la animación lectora I».

Antes dije  (y lo mantengo) que realizar actividades de animación lectora para adolescentes podría ser, incluso, contraproducente.  Expuse algunos de los argumentos con los que sustento esta hipótesis y prometí compartir con la lectoría algunas de las actividades que a mí me han dado buenos resultados con este “público difícil”. Antes de ir a ello, les advertiré que no se trata de ninguna receta mágica, porque si estuviera en mi poder el secreto para hacer de los adolescentes abúlicos lectores empedernidos, ya me habría convertido en una suerte de gurú de la lectura y estaría dando la vuelta al mundo convirtiendo gente cual evangelista posmoderno. No. Lo que compartiré con ustedes son algunas actitudes  (y una actividad) que han sido útiles para motivar a leer a algunos de los adolescentes con lo que he tenido el placer (y privilegio) de compartir. Aclarado esto, vamos a ello.

En primer lugar, hablaré de las actitudes que han hecho posible que algunos de mis estudiantes se sientan inclinados hacia el mundo de la lectura.

Es provechoso que lo vean a usted disfrutando de la lectura en sus ratos libres, eso de predicar con el ejemplo también corre para nosotros. Si usted trabaja en una biblioteca es bueno que [email protected] [email protected] lo/ la sorprendan leyendo, lo que sea, un libro, un cómic, una revista. Y si usted es profesor (que no tiene por qué ser sólo el de Lenguaje y Comunicación) puede pasearse de una sala a otra con su lectura bajo el brazo. Basta con eso. Y si trabaja en cualquier otro ámbito en donde circulan adolescentes conversar con ellos (no necesariamente de libros, claro) siempre está bien. Puede incluso llegar a sorprenderse con todo lo que tienen para contar y todo lo que uno puede aprender de/con ellos. En suma, lo que quiero decir es que es muy importante no subestimar a los más jóvenes, tampoco es recomendable criticar sus gustos e intereses, mucho menos imponerles gustos ajenos. Si logramos conocerlos un poco sabremos qué tipo de lecturas podrían interesarles, muchas veces la labor que debemos hacer sólo consiste en acercar el libro adecuado al lector potencial. Y para eso, la empatía es la única vía posible.

"Eres lo que lees". El estilo de un adolescente se traduce no sólo en la forma que se viste y la música que lee. También en lo que lee
«Eres lo que lees». El estilo de un adolescente se traduce no sólo en la forma que se viste y la música que escucha. También en lo que lee

En esta misma línea, plantear la lectura como un reto, como un desafío es fundamental para incentivar la curiosidad lectora. Permítaseme una pequeña digresión, recuerdo una anécdota del tiempo en el que trabajé como bibliotecaria en una universidad. Estaba yo en uno de esos momentos muertos de la biblioteca (entiéndase viernes a las 20:30) cuando aparece una chica y me pilla leyendo “El pabellón de oro” de Mishima. La chica comienza a preguntarme de qué se trata, yo le cuento un poco y le comento que no es una lectura del todo fácil (para mí al menos) porque hay muchas referencias que me pierdo e intertextos que desconozco. Me pregunta si hay otra copia en la estantería, le digo que no, pero le puedo prestar la que estaba leyendo yo, total- le digo- estaba releyéndolo. La chica se lo lleva y a la semana siguiente me dice que no es fácil de leer pero que está “enganchadísima”. Me sonrío para mis adentros y pienso que Mishima tiene un nuevo adepto. Fin de la digresión. Lo central de esta anécdota es diáfano: si explicito que la lectura no es fácil, eventualmente, al otro le dará curiosidad. Puede que no funcione todas las veces, pero si en un par de ocasiones logra usted sembrar en otro el desafío o bien, la curiosidad, ya es suficiente.

Otro asunto importante es diversificar el espectro de textos que los chicos conocen. No todo son novelas enormes y difíciles. Para nuestro deleite (y para nuestro asombro también) existen los libros álbum, los libros ilustrados (sí, son distintos y pueden encontrar un artículo sobre eso aquí en Leamos más,) las mentadas “novelas gráficas” (también hay un artículo sobre ellas en esta web), el cómic, el microrrelato o microficción, la poesía, el teatro, los cuentos, los cuentos independientes que se leen como capítulos de una novela, los aforismos, los blogs y un largo etcétera. Propiciar el que los chicos conozcan una variedad de textos, hace posible que sean ellos mismos quienes encuentren lo que quieren (o no) leer. Muchos habrá que recuerden hoy que su entrada al mundo de la lectura fue a través del cómic o las historietas. Habrá otros que, como yo, se entusiasmaron leyendo cuentos. Es necesario promover este sentido de amplitud en las tipologías textuales, porque del mismo modo en que existen intereses diversos hay textos distintos que pueden (o no, nuevamente) satisfacer los intereses y curiosidades de las más variadas personalidades.

Aunque parezca de perogrullo, muchas veces no lo es, así que me detendré unas líneas para decir que si se quiere fomentar el gusto por la lectura en los más jóvenes es imprescindible que ella no esté relacionada con una evaluación. No al menos, una evaluación que contemple una prueba (del tipo que sea) o cualquier otra expresión que converja en la obtención de una calificación. Si debe necesariamente evaluar el proceso de lectura prefiera la evaluación de carácter formativo.

Portada del libro de Argüelles
Portada del libro de Argüelles

Un último apunte sobre las actitudes frente a la lectura para que ésta sea atractiva para los adolescentes. He dejado ésta para el final porque me parece que es, por lejos, la más importante. Tiene que ver con lo que el destacado ensayista mexicano Juan Domingo Argüelles presenta en su libro Si quieres leer… lee”. Hay dos ideas que son centrales en este ensayo: la primera es que leer por placer es una de las maneras que tenemos de administrar (o invertir) nuestro tiempo libre, así como a uno les gusta ver películas,  o dibujar, o escuchar música, o bailar, a otros les gusta leer. La segunda idea surge de la primera, y se refiere a que si bien la lectura es provechosa en muchos sentidos, no hay por qué imponer la lectura a nadie. En esta segunda idea, Argüelles plantea que si bien ser un lector competente (uno que entiende lo que lee) es necesario para un desempeño social satisfactorio, ser un lector que disfruta mientras lee es otro asunto y no puede estar sujeto a ningún tipo de imposición. Y es verdad.

Muchos de nosotros intentamos promover la lectura en los más jóvenes porque sabemos cuáles son las ventajas (sociales y cognitivas) que se relacionan con el acto mismo de leer, e intentamos también que disfruten de la lectura para que les sea menos trabajosa y la practiquen con más frecuencia, pero lo cierto es que no podemos satanizar a nadie porque no le guste leer. Podemos procurar que sean lectores competentes, pero no podemos obligarlos a que les guste leer. Es importante que reconozcamos, con Argüelles, que la lectura por placer no puede imponerse a nadie, habrá unos que lean y otros que simplemente no lo hagan y ninguno de los dos es mejor que el otro.

Finalmente (sí, porque esto está siendo más extenso que lo recomendado) les propondré una actividad de fomento lector para adolescentes. Pero -como habrán adivinado- esa entrega viene en la tercera parte y final de «Contra la animación lectora».

 

Referencias bibliográficas disponibles para su descarga:

Argüelles, Juan Domindo   Si quieres leer…lee. Contra la obligación de leer y otras utopías lectoras . Madrid: Forcola, 2010.

Mishima, Yukio El pabellón de oro. Argentina: Seix Barral, 2007. [disponible para descarga edición digitalizada por la Revista Literaria Khatharsis]

 

 

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Reseñas Literarias

El cuaderno de Mayra, relato de una joven desencantada de la vida

Portada del libro
Portada del libro

El afán de incentivar el gusto por la lectura en adolescentes y jóvenes que con dificultad leen clásicos literarios, me lleva a recomendar esta breve y sencilla novela. Trata temas de contingencia entre nuestros estudiantes, tales como, la anorexia, el suicidio y la soledad. Por ello, puede ocasionar interesantes debates. De la Parra-su autor-  psiquiatra y dramaturgo chileno, describe con profundidad los intensos estados emocionales de una joven desesperada que logra remecer a su familia.

Mayra es una joven anoréxica que ha decidido quitarse la vida. Siente que todos los hombres a quienes ha amado la han abandonado: su padre, Miguel y, ahora, Iván. Éste último es el gran amor de su vida. Todo marchaba bien entre ellos hasta que él le dice: «démonos una prueba de un mes». Luego, mientras Mayra celebra su cumpleaños en su casa, Iván se involucra con Dalia, su hermana.  Mayra no soportó más. Se clavó un punzón e ingirió pastillas para no sentir el dolor de la traición y el abandono.

Más tarde, la joven despierta en una clínica psiquiátrica. Tras la decepción por su intento fallido de suicidio y el escaso alivio que le producen los medicamentos, su familia reacciona. Su padre la visita con regularidad. Su madre deja de exigirle lo mismo que a su hermana mayor. Dalia le pide perdón. En sus momentos de lucidez, Mayra comienza a recordar las buenos momentos con su familia y se pregunta cómo se perdieron. Se dedica a releer a sus poetas favoritos y a dibujar. Del mismo modo que a su padre, parece que las expresiones artísticas le provocan cierto consuelo. De a poco, irá enfrentando sus miedos.

Marco Antonio de la Parra
Marco Antonio de la Parra, autor del libro

El cuaderno de Mayra -ilustrado por Macarena de la Parra- es una obra que sigue el formato de un diario de vida distribuidos en dieciocho capítulos escritos en un lenguaje coloquial. El monólogo interior de la protagonista nos muestra el origen de sus conflictos y el proceso que vive para enfrentarlos. La obra entrega una mirada esperanzadora acerca del valor de la familia. Sólo con su ayuda, Mayra logra  dimensionar sus conflictos apropiadamente. Esta experiencia provoca un antes y un después en su vida y, creíble o no, nos deja con la sensación de un final feliz.

Actualmente, Marco Antonio de la Parra es director de la Escuela de Literatura de la Universidad Finis Terrae y sigue escribiendo con regularidad.

 

Bibliografía:

De la Parra, Marco Antonio. El cuaderno de Mayra. Santiago: Alfaguara, 2011. 112 p.

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Noticias

Cuando Harry Potter conoció a Salinger. Seminario en Centro Cultural de España

¿Qué y cómo leen los jóvenes en Chile?

 

Si usted es una de esas personas que cree que fomentar la lectura en los jóvenes reviste algunas complejidades, si cree que trabajar con niños es más sencillo que hacerlo con adolescentes en materia de lectura, o si piensa que los jóvenes no leen tanto como debieran, entonces este seminario organizado por LEE CHILE LEE, el Centro Cultural de España y  el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes le viene como anillo al dedo.

Porque  no sólo se responderá qué y cómo leen los jóvenes, sino que también se abordarán otros temas que son cruciales para acercar el mundo de los adultos al de los nuevos lectores.

No sé a ustedes, pero cuando pienso en este tema se vienen a mi mente un sinfín de preguntas:

  • ¿Qué estrategias aplicar para que un niño se convierte en un joven lector?
  • ¿Por qué puede ser nocivo inculcar la lectura en base a las lecturas obligatorias escolares?
  • Más allá de la lectura lineal, ¿Qué incidencia tiene la lectura de imágenes, viñetas e ilustraciones en los libros para el público adolescente?
  • ¿Qué estrategias podemos usar para valernos de la imagen como instrumento para fomentar la lectura?
  • ¿Qué argumentos esgrimen los jóvenes a quienes no les gusta leer?
  • ¿Será cierto que la poesía no es del gusto de los adolescentes?
  • ¿Qué vínculo se puede establecer entre la lectura y la escritura?
  • ¿Cómo se mueve el mercado editorial para los lectores  en formación?.

Para responder éstas y otras interrogantes, el seminario plantea un programa  que ayuda a  desentrañar los misterios que conlleva el libro en manos de los jóvenes:

  • Claudio Aravena, gerente de proyectos sociales de la Fundación La Fuente hablará sobre «Obligar nunca, seducir siempre». De chicos lectores a grandes lectores
  • Paloma Valdivia,  reconocida ilustradora,  conversará con el periodista Claudio Aguilera sobre «Para  verte mejor». Las ilustraciones también se leen.
  • Carlos Reyes, investigador,  guionista de historieta y miembro del colectivo Ergonomics hablará sobre «Lecturas en Viñetas.  Los superpoderes de la historieta
  • La escritora María José Ferrada compartirá «Titilan los jóvenes a lo lejos. Pongamos algo de poesía en la sala de clases»
  • Claudia Gilardoni, bibliotecóloga e investigadora en temas de fomento lector juvenil planteará  «¿Qué leen y qué no leen los jóvenes chilenos?
  • Y Camila Rojas, editora de la Editorial Quilombo conversará con Claudio Aguilera sobre «Editar y publicar para jóvenes lectores»

Todas estas charlas se realizarán en jornadas de 09.00 a 13.30 hrs.  los días sábado 6, 20 y 27  de Octubre en el Centro Cultural de España.  El seminario es totalmente gratuito, y las personas que asistan a todas las sesiones recibirán un certificado. Puede descargar el programa completo desde este link.

Para asegurar tu asistencia, sólo tienes que completar esta ficha de inscripción y enviarla a [email protected]

¡Apúrate, porque hay cupo limitado!

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Entrevistas

Jennifer King: «Están sucediendo muchas cosas en torno a la promoción de la lectura en Chile»

Jennifer King
Jennifer King, Directora de las revistas

Comenté en un post anterior respecto a los jóvenes lectores y las teorías que circundan en torno a sus hábitos de lectura: como por ejemplo el hecho que leen poco y que se dejan llevar por el chat, el celular, internet, los videojuegos y otros distractores  que podrían atentar contra su interés por los libros.  En Chile existe una revista dedicada exclusivamente al fomento lector juvenil. Por eso, adelanté en aquel post, parte de la entrevista que realicé a  Jennifer King, Comunicadora Visual de la University of Minnesota y directora de las revistas Había una Vez y Mini revista Digital JiL. Profesora en la Escuela de diseño de la Universidad Diego Portales desde 1995 y además directora de la pequeña editorial de libros no-ficción Confín Ediciones.

Ahora les presento la entrevista completa para que conocer la forma como se han gestado los proyectos editoriales que se la juegan por el fomento lector desde una tribuna distinta.


 

Jennifer, si partimos hablando del fomento lector en general.  ¿Cuál es el rol que debieran cumplir los mediadores de la lectura en un plan de fomento? ¿Y qué tipo de lectura crees que se debiera promover?

«Los planes de fomento lector no son mi especialidad y no tengo experiencia al respecto. Sin embargo, aplicando mi lógica y el roce constante que tengo con el rubro, me parece que hay que abrirles puertas a los jóvenes y niños. No se debe tratar de seguir insistiendo con los textos  clásicos (por el sólo hecho de ser clásicos de alguna forma se llegará a ellos). Yo me salté varios de chica y no los leí, al cambiarme tanto de países. Hoy tengo más curiosidad y he llegado a ellos con más conocimiento quizás, casi como lectura obligada para poder conversar, es cultura general.

Son pocas las librerías que tienen sectores cómodos para que los niños escojan sus libros
Son pocas las librerías que tienen sectores cómodos para que los niños escojan sus libros. Esta fotografía corresponde al Outlet Book en Providencia.

Yo confío que la mayoría de las personas quieren ser cultas en alguna etapa de sus vidas. Para abrir esa puerta hay muchos tipos y géneros de libros que sirven. Los debemos conocer. Pero no evitaría ninguno. Es tarea de los profes y bibliotecarios estar al tanto de las novedades,  las tendencias, la no-ficción tanto como la ficción, porque ambos abren puertas según el tipo de inteligencia que maneje el lector en cuestión. Creo fehacientemente que cada niño es distinto y necesita un libro distinto. Por eso me indigna que te pregunten la edad del niño en las librerías y no los intereses, o el ultimo libro que le gustó; es un error garrafal. También creo que las revistas, en el segmento juvenil infantil tienen un tremendo potencial y que son desaprovechadas. Hay muchas revistas juveniles y son relativamente baratas (más que un libro), pero son todas –a primera vista– del mismo tema y parecidas, cayendo en un estereotipo tremendo y relacionadas más con las mujeres. Como ves hay mucho trabajo por hacer y muchas oportunidades. ¡Me pone ansiosa sentir que no hay suficiente tiempo para desarrollarlas todas!

Y ahora, cambiando de tema y comentando respecto a las revistas.¿De qué forma se gestó el desarrollo de las revistas «Había Una Vez» y «JIL» (Literatura Infantil y Juvenil, con las siglas al revés)?

«Hay una sinergia clara que conduce al levantamiento de ambas revistas,  y un aprendizaje previo que cataliza en su desarrollo. Antes del 2005 Carmen Paz Hernández, Rebeca Domínguez y María Paz Grafulic, las directoras de la Fundación Había una Vez, venían del enorme proyecto de la librería del mismo nombre, gracias a lo cual conocían el mercado, las editoriales, los libros, las posibilidades, lo vasto de ese mundo que no se conocía tanto en Chile, o no se daba a conocer de la mejor forma. Posteriormente, con la Fundación que ellas desarrollaron comenzaron a perfeccionarse y aprender  cada vez más, trabajando en terreno, viajando a ferias, recogiendo información desde las comunidades, trabajando con corporaciones educacionales importantes y conociendo todas las novedades de las editoriales para el catálogo bibliográfico. Y es en ese momento, con todo ese acopio de información, cuando deciden jugársela con una revista. Yo había tenido varios acercamientos a las Directoras gestionando y diseñando  algunos proyectos editoriales que hicimos en conjunto cuando me pidieron que dirigiera el diseño y producción de la revista trimestral que estaban armando. Hoy, años después, seguimos siendo un equipo pequeño y esforzado, muy satisfecho con los avances y las posibilidades que nos ofrece la nueva plataforma digital -las revistas se ofrecen hoy en línea, para descarga gratuita-para poder llegar a cada vez más personas y beneficiar a muchas más ya que la revista se distribuye en forma gratuita.»

¿Cómo percibes que está el medio en Chile respecto al fomento lector?

Hay diversas iniciativas impulsadas por sectores públicos y privados. En la foto, el Biblióvil en Combarbalá
Hay diversas iniciativas impulsadas por sectores públicos y privados. En la foto, el Bibliomóvil en Combarbalá

«Están sucediendo muchas cosas en torno a la  promoción de la lectura y los libros en Chile. Iniciativas tanto en forma independiente como masiva. Me refiero a campañas de fomento lector, lanzamiento de revistas comunitarias, trabajos municipales y en centros lectores. También se han abierto paso los clubes de lectura, blogs de literatura y libros, ferias de libros en colegios, e iniciativas lectoras de diversa índole. A ello se suman la capacitación en talleres literarios, diplomados en temas tales como lectura infantil y juvenil, mediadores de lectura, o en  talleres de ilustración, etc. Sin embargo, con todo esto en marcha, no percibo que haya mucha comunicación o que se brinde la instancia para compartir experiencias, recomendar buenas prácticas, compartir metodologías o mostrar iniciativas exitosas. Eso no se observa en el medio.  La idea es consolidar el conocimiento en un solo lugar, catalizarlo, lo cual sin duda sería un beneficio  enorme para quienes trabajan en este medio. Siento que desde mi experiencia y profesión, lo mejor que puedo hacer para fomentar la lectura es en mi rol como comunicadora y en lo que me he formado más fuertemente: en edición y haciendo revistas.  Me apasiona el tema.»

Inicialmente partieron con la revista «Había Una Vez» en formato impreso, a la cual había que suscribirse . Fue un vuelco bastante grande pasar de eso, a un formato digital, y además completamente gratuito.  Cuéntame un poco de ese cambio.

«Es que hay una especie de boom en el tema literatura infantil juvenil en el mundo. Está muy organizado el rubro y era un momento que había que aprovechar.  Por lo mismo ha sido un buen momento para lanzar una revista de libros y literatura infantil-juvenil. No digo que ha sido fácil. El cambio  radical de pasar de formato impreso a digital nos salvó de la extinción. Sin embargo ya logramos financiar por completo el proyecto de las revistas. Eso obedece a que la calidad del contenido es notable. Nuesstras editoras han sido de lujo: primero estuvo María Teresa Ferrer -quien escribe actualmente  cuentos para niños, editada por SM- y hoy trabajamos con Bernardita Cruz, quien lleva la batuta y maneja la línea editorial y se ocupa además de tener un buen nivel de colaboradores.»

A pesar que sólo llevan dos números al aire, ¿han podido hacer alguna evaluación de la respuesta del público y de los auspiciadores?

«La revista ha sido exitosa (tuvimos más de 11.000 descargas de edición digital de otoño).  Esto revela un vacío en el mercado, y en ese sentido creemos que ha sido una oportunidad para las editoriales el poder impulsar y fomentar ante nuestro vasto público de lectores sus novedades y destacados. Es una plataforma, la única masiva en Chile disponible para –específicamente– difundir libros y lectura en niños y jóvenes.»

¿El fenómeno literario de los adolescentes marca la pauta para la revista JIL?

Índice primer número revista JIL
Índice del primer número revista JIL

«Después de una encuesta online que hicimos a nuestros lectores y cercanos (donde nos comentaron reiteradamente que necesitaban material concreto de promoción lectora para adolescentes) decidimos lanzar una revista para este grupo etario que promoviera la lectura de una forma «ondera». La idea era aprovechar  las plataformas digitales que están en boga, como  Facebook y  Twitter,    gracias a lo cual hemos logrado una mayor cercanía con nuestro público objetivo . Actualmente tenemos más de 3 mil amigos en Facebook, y el número va en ascenso.
La revista JIL ofrece temas entretenidos, de corte miscelánea,  editados especialmente para jóvenes desde 14 en adelante. A través de la revista presentamos una  una metodología novedosa de “cajoneras”. Éstas las inventé para que realmente fueran opcionales. La idea es que quien quiera profundizar algún tema tiene una oferta ahí mismo. Es una especie de ideario de libros alternativos y disponibles en el mercado, algunos de no-ficción incluso. El objetivo es ir entusiasmando con los libros y el conocimiento en general de una forma personalizada, al ritmo y gusto de los jóvenes. Se aleja de la propuesta de lectura complementaria que proponen los establecimientos educativos, entregando libros con cuchara de remedio, a la fuerza.»

«Proponemos desde literatura, novelas biografías, libros de ciencia con contenidos atractivos, novelas gráficas, etc. Mostramos lo nuevo y lo antiguo, además tenemos las secciones  «Dosis Clásicas» y «Dosis Actuales» que son extractos de «Puro Filete» de libros, como reza el nombre de esta sección (por ejemplo en el primer número estuvo «El gato negro» de Edgard Allan Poe).  Procuramos elegir la mejor parte de cada libro para realmente dejar «colgados» a los que lo lean, incitándolo a que lo busquen. Suena utópico, pero cada libro tiene momentos clímax o insinuantes, y los que no, quizás no son tan apropiados para los jóvenes de hoy. Los elegimos con pinzas y con la ayuda de las especialistas de la Fundación Había una Vez.»

Sección "Qué me recomiendas" de revista JIL
Sección «Qué me recomiendas» de revista JIL

Me parece una buena forma de llegar al público juvenil. ¿Hay alguna otra apuesta por acercarse a ellos?

«Eso no es todo, La JIL también tiene dos entrevistas a personajes conocidos, adolescentes donde revelan sus lecturas secretas y preferidas -por ejemplo en el último número está la actriz Denise Rosenthal, y en el número anterior la cantante Francisca Valenzuela- reflexionando acerca de sus hábitos lectores personales, entre otras preguntas de sus vidas en general. Y en otras secciones se ofrece tecnología de punta, lo soñado, lo último que podría tentar a un joven. En la sección » ¿Qué me recomiendas?» chicos  de diferentes colegios y Centros lectores del país reseñan y recomiendan –de un modo coloquial, en su propio lenguaje– los últimos libros que han leído. Hasta el momento hemos tenido ocho reseñas por número y queremos ir expandiendo el concepto a varias más. Para eso esperamos recibir colaboraciones desde cualquier parte. Vamos a estar sorteando tres libros por edición entre aquellos que sean seleccionados y tengan  sus reseñas publicadas en alguno de nuestros números.
No hay otra revista que busque ni ofrezca esto en la web.»

¿Qué opinas de las instancias de fomento lector para los adolescentes en Chile?

Son pocas las iniciativas lectoras para esta edad tan crítica del crecimiento, crítica en tantos sentidos: emocionales y lectores. Yo llevo seis años estudiando a los adolescentes y preadolescentes y trabajando en nichos de relevancia para ellos en mi taller de diseño de la FAAD/UDP, creando y analizando material, promoviendo los libros y la lectura desde la visualidad. Es una edad clave para tantas editoriales también, muchos de nuestros auspiciadores publicitan solo en la revista JIL. Por ejemplo: hace tiempo que hay un boom de sagas, los libros vienen en  dos o tres volúmenes, y el fanatismo de los jóvenes por seguir a sus personajes no conoce fronteras. Está lleno de blogs de literatura y libros administrados por adolescentes (en Chile hay más de treinta). Está lleno de fenómenos en la literatura juvenil hoy. La JIL no funcionaría si la posicionáramos como una revista de fomento lector para teens (adolescentes), es una revista digital descargable para teens (gratis). Tan bajo perfil lo quisimos dejar, que no definimos la sigla JIL tampoco (aunque los conocedores sabemos que es Literatura Infantil y Juvenil  al revés) e hicimos un concurso que dura hasta final de año para la mejor propuesta del título, ya que queremos que los propios lectores nos ayuden en ello. Ha sido divertido, hemos visto respuestas muy diversas.»

Y los jóvenes, ¿responden?

«Es interesante y muy movido el nicho joven, mueve masas, es un poco vertiginoso lo conectados que están los «lolos». Es muy medible y reaccionario, espero que les sigamos cayendo bien. Cada vez hay más novedades y se me ocurre que con la revista JIL vamos a vernos obligados a circular más frecuentemente en el corto plazo. El segmento no aguanta la periodicidad trimestral parece. Pero hay muchas metas por lograr aún, y la tecnología nos acompañará cada vez más, estamos atentas a eso también.»

Portada último número revista "Había Una Vez"
Portada último número revista «Había Una Vez»

 

¿Y  cómo atisbas el corto y mediano plazo para las revistas?

«El desafío ha sido evolutivo y lógico. Con la revista Había una Vez, nació de la necesidad del país y el mercado de reunir toda la información en torno al fomento lector. Antes, lo que veíamos eran iniciativas lectoras»disparando» para todas partes pero que no se daban a conocer (y se entiende, no hay casi presupuesto para hacerlas, menos para difundirlas). Hoy hay un medio consagrado, confiable y serio, dedicado a la Lectura infantil y juvenil con la misión de catalizar y difunidir esas iniciativas y conocimientos. La Revista JIL, la más reciente invención, nace de la necesidad que se detectó desde el feedback de los dos años de la Revista Había una Vez.

A la nueva era digital de la revista la hemos bautizado: Había una Vez para todos.  Tiene mucho por crecer y dar a conocer en todos los aspectos, pero hay que avanzar dentro de las posibilidades, y lentamente, para que sean pasos firmes.»

 

 

¿De qué  forma has articulado la edición de estas publicaciones con el desarrollo de tu proyecto VEOLEO y tu labor como editora de Confín Ediciones?

«Mi proyecto VEOLEO  -proyecto dirigido a jóvenes entre 10 y 14 años que fomenta la lectura a través de atractivos trailersde libros- se mantiene vigente prácticamente con piloto automático. Cuando lo inventé estaba segura que tenía que ser de esa forma por lo mucho que me absorbe el trabajo en la revista y mis clases en la universidad. Entonces eso no me preocupa mayormente. Ha dado tanto de qué hablar que las visitas se han mantenido relativamente parejas, y después de ganarnos el Fondo del Libro, en fomento a la lectura el año 2011, pudimos aumentar a 50 los trailers. Lo divertido es que hoy, tres años después, los trailers de libros existen, la mayoría de los bestsellers juveniles tienen trailer. Por esto, dada la contingencia, la etapa que vislumbro para VEOLEO ahora, en el mediano plazo, es una especie de recopilación del material más reciente –taquillero– levantado desde youtube y las editoriales directamente, reunido de forma organizada en el catálogo de VEOLEO. Es decir como un youtube de Book Trailers adolescentes; lo nuevo, lo cásico, todo. Eso no cuesta nada hacerlo y las editoriales estarán alucinadas, los colegios también. Lo tengo en mi lista de pendientes!…

Portada del sitio web
Portada del sitio web

Confín ediciones es mi pasión, y por lo mismo es lo que más lento va. Hacer un libro tiene muchísimas aristas y nuestra meta es no sacar más de uno o dos títulos al año. Tampoco queremos dejar de hacer nada de lo otro –tan importante para nosotras–. Con calma, sin saltarnos ninguna etapa, seguiremos editando. Las tres socias, María Paz Garafulic, Rebeca Domínguez y yo, no tenemos ningún apuro. Estamos editando la segunda parte del libro Universo: ciencia y ficción, que esperamos lanzar durante este año, si se «alinean las estrellas»; es una especie de volumen dos con estructura similar pero no exacta. Estamos evaluando una segunda edición de Universo1 ya que quedan muy pocos libros y se sigue vendiendo bastante, empezamos la traducción al inglés y posteriormente queremos empezar la programación de la aplicación interactiva para formato tablet. Tenemos vistas un par de co-ediciones siempre en la línea de no-ficción para jóvenes; además queremos  incursionar en la publicación de libros profesionales de  promoción de lectura, algunos títulos que están afuera y son «must«, sería bueno editarlos acá. Pero no me estresa. Si no se puede todavía no se puede, no pienso descuerarme y pasarlo mal con el tema.»

 

Portada del libro "El tío Octavio"
Portada del libro «El tío Octavio»

Pero ya has estado trabajando en publicaciones de libros…

Este año llevo dos libros álbum de mi edición publicados con Ocholibros, desde el taller en la UDP: «El tío Octavio» de Camila García y «Clandestinos» de Cristina Ortega (que no son de la línea Confín, pero que era importante editarlos). Son vivencias de niños (ficción) durante una dictadura (cualquiera), desde la cotidianeidad. Muy inocentes y simpáticos ambos libros, forman parte de la colección que se levantó para acunarlos, Hablemos de… muy relevante en la revisión de la historia reciente de Chile y muchos otros países de habla hispana. Es una colección que pone temas sobre la mesa. El año pasado asesoré la publicación de los libros infantiles de la colección Transbank, por segunda campaña consecutiva. Siempre hay tiempo para hacer lo que uno ama, en realidad. Esto es solo la punta del iceberg! Hay una lista larga de cosas activadas dando vueltas, se mueve la cosa.

 

Jennifer, agradezco mucho tu mirada multifacética e inquieta respecto al  fomento lector, y que nos contaras la historia que hay tras el desarrollo de estas revistas. Dicen que emprender no es fácil. Creo que al leer tu experiencia sin duda más de algún lector de Leamos Más se motivará y sacará algunas ideas para fomentar la lectura en su entorno.

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Columnas y artículos

Jóvenes y lectores

La música, los libros y el cine pueden ser grandes placeres para los jóvenes
La música, los libros y el cine pueden ser grandes placeres para los jóvenes

Sí, aunque usted no lo crea los jóvenes y adolescentes leen y mucho más de lo que se piensa. Comúnmente creemos lo contrario porque los estudios hablan de los bajos índices de lectura en la prueba PISA, en el SIMCE y en otras mediciones de esa índole. Claro, la competencia contra el libro es dura: pensamos que  el celular, la Wii, juegos de diversos tipos, internet, el chat, y otros distractores que  atentan contra el interés de los jóvenes por el libro. Pero en toda época y lugar, el libro ha sabido acomodarse a otros medios y plataformas: la radio, la televisión,  el cine,  los primeros juegos atari  y nintendo.  La lista de distractores y «embelecos» es larga. Pero, hay varias cosas a favor de la permanencia del libro en  manos juveniles. De muestra, un botón:

  1. Los jóvenes saben lo que les gusta, tiene claros sus intereses estilísticos, musicales, visuales, temáticos en general. Por eso tienen una mediana idea respecto a que temas de lectura les atrae, y no se dejan llevar por cualquier libro que pongan en sus manos. Primero tienen que sentirse atraídos por la trama para dejarse llevar por sus páginas.
  2. Les gusta compartir y conversar entre ellos de las cosas que hacen, lo que les interesa y lo que no les atrae tanto. El  estudio realizado en Bibliotecas públicas por un equipo de bibliotecarias liderado por Flor Toledo , titulado «El placer de la lectura.  Hábitos e intereses de niñas, niños y jóvenes entre 10 y 18 años»  revela  que los amigos son los primeros «líderes de opinión» de los jóvenes y las personas a quienes más validan a la hora de determinar que ropa usar, que música escuchar, que lugares visitar, y también qué leer.
  3. Tienen muchas inquietudes emocionales, las cuales no siempre saben como resolver. A veces no pueden expresarlas verbalmente, por lo que prefieren identificarse en la letra de una canción, a través de unos párrafos que escriben en su cuaderno, o en un personaje de alguna novela o un cuento. Muchas veces  la identificación con ciertas cualidades o historias de los personajes son un fuerte elemento motivador para leer. Sin duda recuerdan el fenómeno que se produjo con la saga «Crepúsculo» de la escritora  Stephenie Meyer. Miles de ejemplares fueron leídos por interesados adolescentes.

El problema es que los que estamos de la otra vereda -los adultos- hemos cometido varios errores al relacionar la lectura con niños y jóvenes. No nos sentimos satisfechos con darles a leer un libro por obligación para la prueba de lenguaje, sino que también nos arrogamos el derecho de creer qué es lo correcto a la hora de leer. ¿Leer es sólo lectura lineal de una novela? ¿Leo sólo cuando tengo un libro entre mis manos? Y si leo  material técnico, ¿no estoy remitiéndome  acto de leer, también?. Hay muchas formas de leer para un niño, un joven y para los adultos. Sin duda ese es un tema que da para mucho más que un mero párrafo en un post, pero lo abordo someramente sólo para señalar que han sido bastantes los mensajes equívocos que le hemos dado a los jóvenes. En algunas ocasiones me ha correspondido participar en estudios en los que se les ha preguntado a adolescentes de 16 ó 17 años: «¿Te consideras un buen lector?» ante lo cual responden: «no, sólo leo revistas y el diario. Y a veces, cuando un libro me interesa, entonces lo leo». Yo me considero una buena lectora, y sólo leo si un libro me interesa, no cuando me siento obligada a hacerlo. Desde ese punto de vista ese joven y yo tenemos algo en común.

 

Leyendo al estilo Teen

Los jóvenes suelen compartir sus aficiones: la lectura no es la excepción
Los jóvenes suelen compartir sus aficiones: la lectura no es la excepción

Sin duda las razones y formas en que los jóvenes se relacionan con la  lectura es un tema que da para varios post y estudios. Hay datos y cifras para acompañar la información. Por eso, siendo un tema tan interesante e importante me reservo el derecho de seguir tratándolo en futuros artículos. Sin embargo, esta  me parece una buena oportunidad para señalar que paulatinamente estamos comenzando a entender la relación que se establece entre los teens y la lectura. Prueba de ello es la nueva revista JIL, especializada en  fomento lector para jóvenes, ya que han sabido dirigirse a este grupo en su jerga, modismos, visualidad y estética.

Me cuenta Jennifer King -Directora de la revista – que lanzaron el proyecto porque  reiteradamente les solicitaban material concreto de promoción lectora para adolescentes, que tuviera contenidos  onderos. Aprovechando las plataformas digitales, Facebook, Twitter –muy usadas por los lenguajes teen actuales–  gracias a lo cual han llegado a más de 3.000 amigos. Por ejemplo, en twitter se declaran como «Mini revista donde encontrarás noticias de música, cómics, cine y vanguardia, y podrás descubrir aspectos poco conocidos de tus personajes favoritos.» Interesante planteamiento, ¿no?. Me interesó este tema, por eso le hice una entrevista a la Directora de la revista. Acá les presento un extracto como preámbulo al artículo completo.

Se piensa que fomentar la lectura entre adolescentes es difícil. ¿Cuál es el planteamiento de la revista en este sentido?

La revista JIL (en fotmato en línea, para descarga gratuita)  ofrece temas entretenidos de miscelánea editados especialmente para jóvenes de 14 o más años y a través de la revista presentamos una  una metodología novedosa de “cajoneras”. Esas fueron un invento mío,  para que realmente fueran opcionales pero interesantes, tentadoras. La idea es que quien quiera profundizar algún tema tiene una oferta ahí mismo. Es una especie de ideario de libros alternativos y disponibles en el mercado, muchos no-ficción, para entusiasmar con los libros y el conocimiento en general. Se aleja de la propuesta de lectura complementaria que proponen los establecimientos educativos, entregando libros con cuchara de remedio, a la fuerza.

¿Y qué hay del contenido? ¿cómo lo han hecho atractivo a ojos de quienes tienen 13 a 19 años?

Portada No. 2 de la revista
Portada No. 2 de la revista

La revista propone desde literatura, novelas hasta biografías y libros de ciencia interesantes, novelas gráficas; mostramos lo nuevo y lo antiguo, además tenemos las «Dosis Clásicas» y «Dosis Actuales» que son extractos de «puro filete» de libros, como dice su nombre, modernos y antiguos, consagrados. Procuramos elegir la mejor parte de cada libro para realmente dejar colgados a los que lo lean y que lo busquen. Suena utópico, pero cada libro tiene momentos clímax o insinuantes, y los que no, quizás no son tan apropiados para los jóvenes de hoy. El equipo editorial de la revista los elige con pinzas y con la ayuda de las especialistas de la Fundación Había una Vez.

Eso no es todo, La JIL también tiene dos entrevistas a personajes conocidos, adolescentes donde revelan sus lecturas secretas y preferidas, reflexionando acerca de sus hábitos lectores personales (sean buenos o malos) , entre otras preguntas de sus vidas en general. Y en otras secciones se ofrece tecnología de punta, lo soñado, lo último, con detalles de su composición y novedad. En ¿Qué me recomiendas? chicos  de diferentes colegios y Centros lectores del país, reseñan y recomiendan –en sus palabras– los últimos libros que han leído. Hasta el momento hemos tenido ocho reseñas por número y queremos expandir el concepto a varias páginas. Para eso esperamos recibir colaboraciones desde cualquier parte. Vamos a estar sorteando tres libros por edición entre aquellos a quienes se les publiquen sus reseñas.
No hay otra revista que busque ni ofrezca esto en la web.

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Cine, literatura y zombies

Varios han sido los aportes del cine a la literatura contemporánea, y no sólo del cine, sino también de la televisión. Pienso, por ejemplo, en «Santiago Quiñones,  tira« novela de Boris Quercia -quien además es actor y director de cine- publicada el año 2010 por  Random House Mondadori. Es una historia breve, dinámica, entretenida, pero sin un gran valor literario. No obstante, la prefiero a ver alguna de esas series de televisión que se me hacen francamente insoportables. Aunque Quercia no habla de una serie de televisión en su relato, conocí su lógica y lo pude leer de corrido, sin zapping.

Es extraño que prefiera leer a ver una imagen en movimiento de historias malas, predecibles, estereotipadas y llenas de lugares comunes. Me devoré la novela de Quercia, pero no resistí su trabajo como director de la  serie de televisión «Huaquimán y Tolosa». Sé que el mío es un extraño caso, pero no tendría ningún conocimiento de este tipo de relatos audiovisuales y cinematográficos sino fuera porque algunos autores reivindicaron el género con su escritura.

Portada del libro
Portada del libro

Pienso, por ejemplo, en alguna película de zombis. Más de alguna vez vi el programa «Maldita Sea» del desaparecido Canal 2 Rock and Pop, en donde dos jóvenes tan extraños como sus películas miraban un televisor que le daba la espalda al público, mientras ellos sentados en un sillón, con cerveza en mano, comentaban películas de clase B, retrocediendo, adelantando, poniendo la imagen en cámara lenta, repitiendo la inusitada escena diez veces o más. La idea del programa era hacer sentir al público como en el living de estos muchachos (“el Pera” y “el Salfate”). Yo lo veía, nunca entero, no por las películas -que eran malísimas-  sino porque no entendía cómo alguien podía crear historias como esas y cómo otros podían entretenerse viéndolas. Hasta que leí «El beso de la mujer araña» del argentino Manuel Puig y me resultaron dignas de un Óscar.

La historia de la Mujer Pantera que relata Molina a Valentín en el inicio de la novela es fabulosa. Se sufre cuando Molina se cansa y quiere dormir, por lo tanto, deja en suspenso la “mala película”. Es gracioso imaginar como el lector reclama junto a Valentín el desenlace de la historia. Lo mismo ocurre con una película de zombis que cuenta Molina, la cual una se figura con actores sobreactuados, locaciones de mal gusto, pésimos efectos, entre otras características, pero que en la voz de Molina pareciera que fuese la primera y la última película de zombis de todos los tiempos.

Escena de la película inspirada en el cuento "El hijo del coronel" de Roberto Bolaño
Escena de la película  Nothingbutamovie inspirada en el cuento «El hijo del coronel» de Roberto Bolaño

Hace unos días leí «El secreto del mal« de Roberto Bolaño y ahí aparece un texto llamado “El hijo del Coronel”, texto supuestamente homónimo de una película de deplorable trama y factura, pero que sin embargo, el narrador dice que es una alegoría de su propia vida. “El hijo del Coronel” es la típica película de zombis -digo esto con una patudez y soberbia tremenda, ya que nunca he visto una entera, ni tampoco he visto tantas selecciones de escenas como para darle el adjetivo de “típica”- pero tampoco creo que haya que ser muy erudita al respecto si las características de estos filmes son siempre las mismas: zombies imbatibles, héroes intrépidos, jovencita linda a la que acosan  repelentes seres, inocentes contagiados que terminan persiguiendo a los pocos sujetos sanos que quedan en el pueblo.

En fin, esta película soporífera y sabida se hace magistral en el relato de Bolaño. Creo que toda historia por inferior que sea se convierte en una obra mayor si está bien contada, y no digo con esto correctamente bien contada, sino que excelentemente bien contada. No sé si me explico, Bolaño tiene eso. Sin ser un escritor sencillo es gráfico: lo veo, lo escucho, lo leo.

Con Puig y Bolaño vi las únicas películas de zombis de mi vida y feliz me las repetiría. Y mi intención no es hacer competir a la literatura con el cine. Me resulta absurda la comparación entre el libro y la película porque son registros distintos. Hay obras independientemente del género bien concebidas o mal nacidas, eso es todo. Es probable que haya alguna película de zombis que esté a la altura y que tenga un peso en su lenguaje, sin esperar a que llegue un buen narrador a convertirla en un imperdible como es el caso de los dos autores antes mencionados. Control remoto en mano la aguardaré.

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Tras el balance 2011 de Fomento lector en Chile

Durante la presentación del estudio, en diciembre 2011
Durante la presentación del estudio, en diciembre 2011

La idea de que la educación es clave para elevar las condiciones y expectativas en la calidad de vida es, podríamos decir, una certeza instalada desde hace mucho en la población. Y por ende, también, una verdad no cuestionada por la gente. Ahora, esto no es sólo una percepción sino que son las conclusiones actuales de todos los estudios recientes de la OCDE (Organisation for Economic Co-operation and Development) , la CEPAL (Comisión Económica para América Latina)  , expertos nacionales y del “Estudio del Comportamiento Lector en Chile”, publicado hace 6 meses.

De ahí la lógica aspiración de las familias para que sus hijos sean profesionales, incluso a un costo económico devastador muchas veces, y de ahí también la obligatoriedad de la educación en gran parte del mundo, también en Chile (aquí, al menos, la básica y media). Pero la contundencia de los estudios y la legítima ambición de las personas y del país, si bien son un inicio fundamental, no son suficientes elementos para lograr la mejoría de la calidad educativa.

Un Plan Nacional para fomentar la lectura

Parte del equipo que trabajó en el estudio
Parte del equipo que trabajó en el estudio

Es sabido hace bastante tiempo que un porcentaje importante de los chilenos no entiende lo que lee, pero que esa cifra sea, a fines de 2011, un 84% y que además sólo el 3% logra realizar una internalización crítica de lo leído, esos ya son datos menos conocidos, y preocupantes.

Lo anterior se agrava al considerar, también, que quienes se declaran lectores poco frecuentes son quienes efectivamente menos nivel de comprensión lectora demuestran y que eso tiene una importante incidencia en la productividad y por ende en las condiciones y expectativas en la calidad de vida de las personas.

Este escenario es el que dio a conocer, a mediados de diciembre del año 2011, el estudio mencionado. El informe fue realizado por el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, con data desagregada, considerando factores diversos desde etáreos, hábitos de lectura y otros antecedentes que se cruzaron a su vez con datos socioeconómicos. Además se hizo una correlación con la productividad que podría alcanzar el país de mejorarse el nivel de comprensión lectora. Para los profesionales involucrados en estas materias, fue un estudio muy serio que arrojó resultados que permitirán la creación de pautas para la mejora real en la calidad educativa.

El estudio consideró que la lectura es un acto personal, de ahí la necesidad de estudiar las conductas individuales. Vale decir, analizar qué leen las personas, cuándo, cómo, etc.  Esta información da insumos invaluables a la hora de generar una política pública al respecto. Lo anterior es muy relevante, pues esta investigación fue hecha por mandato gubernamental, es decir estos insumos se transformaron en datos oficiales y están dentro de la fase de diagnóstico de un Plan Nacional para el fomento de la lectura.

Esto es muy relevante, puesto que de acuerdo a la información que manejo, hasta ahora había iniciativas de entregar libros, que, como  hemos sabido, no funcionaban mucho, como lo ocurrido con El Maletín Literario o los libros de CONACE. Había iniciativas aisladas que no siempre erav medidas y evaluadas tras su aplicación. Ahora, la diferencia relevante del planteamiento del estudio citado es que aquí se distingue entre el fomento de libros y el fomento de la lectura.

Por supuesto que es indudable, como también lo evidencian estudios de la UNESCO que el tener libros es un gran aporte. Pero es como las máquinas de ejercicios, no tonifcan el cuerpo con sólo existir, se deben usar y bien. Es decir, este docuemnto toma como premisa de partida, y como estandarte además, que lo importante es estimular que las personas lean, donde importa, así, por ejemplo, que los niños vean que sus mayores leen.

Al respecto, también es cierto, como refiere el mismo informe, que un porcentaje importante de la población se declara no lector. Eso ya se sabía hace tiempo y si bien tanto la prueba PISA  como el informe del “Lee Chile lee” demuestran que ha mejorado la comprensión lectora entre los jóvenes en la última década, el índice actual sigue bajo los estándares necesarios para un desarrollo país satisfactorio.

Lo anterior refleja que las acciones que se han realizado hasta ahora han mitigado el problema de la no comprensión lectora en el segmento más joven de la población, pero no lo han solucionado. Y entonces podría surgir la pregunta ¿por qué las cosas habrían de mejorar ahora? La respuesta podría estar el contexto.

 

Contexto actual, el factor que puede ser determinante

Durante el lanzamiento oficial de la campaña de difusión del Plan Nacional de Fomento Lector “Lee Chile Lee”
Durante el lanzamiento oficial de la campaña de difusión del Plan Nacional de Fomento Lector “Lee Chile Lee”

El año 2011 se caracterizó por las fuertes demandas a la Educación y el apoyo de la ciudadanía a esas peticiones. También tuvo fue importante la publicación de la OCDE dando el triste primer lugar a Chile como el país con mayor nivel de desigualdad dentro de los países de esa organización. Y tanto esa entidad, como la CEPAL, entre otros expertos consideraron que para disminuir esa situación la Educación es la clave.

Ahora, en Chile más de los dos tercios de la población tiene ingresos inferiores,  y el promedio nacional de los trabajadores oscila en los 360 mil pesos mensuales. Con ese panorama, y sabiendo cuál es el costo real de la vida en nuestro país, se entiende el apoyo de la ciudadanía  a los estudiantes, el cual fue ratificado por diversas encuestas. Lo anterior, además, se une a que el libro de no ficción más vendido desde su publicación en septiembre de este año fuera Universitarios: ¡El problema no es el lucro, es el mercado!”. Todo ello evidencia una ciudadanía ávida por participar, opinar.

Todo este contexto potencia, como nunca, que las medidas para mejorar la calidad de la educación en Chile, por ende el fomento de la lectura,  tengan mucha mejor recepción en la ciudadanía, si son las adecuadas.

 

Ya, pero y ¿para mí qué?

Este Plan Nacional de Fomento de la Lectura, donde participan el Consejo Nacional de la Cultura, el Mineduc, y la Dibam, está constituido por un equipo de profesionales de excelencia, partió realizando el estudio referido, evidenciando así la importancia  de tener una base informada y cuantitativa para poder analizar los diversos factores involucrados y considerar pautas adecuadas para el mejoramiento de la lectura en Chile.  Y  da cuenta, también, que este es un tema serio para el país. Cuyo fin es generar una política pública efectiva.

Esa política podría materializarse en más libros para las casas, los colegios, o las bibliotecas públicas de todo el territorio. Pero serían los libros adecuados para que sean leídos, serían los insumos necesarios para que un niño de una isla chilota lejana, o quizá de un pueblo perdido al interior de Arica, se entusiasmara con historias u otros relatos, que hagan de él, luego, tal vez, una persona instruida que tenga la posibilidad de incidir en el aumento de la productividad y por ende en el desarrollo del Chile del futuro que todos queremos.

Así que a la hora del balance de rigor, tras seis meses de haber sido publicados esos resultados, si bien se ha evidenciado el descontento de la población en muchos frentes, al menos en uno, importante dada su relación con las demandas callejeras, la educación, es justo explicitar que el Plan del Fomento de la Lectura con el Programa “Lee Chile lee” hizo un aporte relevante al realizar este estudio.

Estaremos atentos para ver en qué decanta todo este proceso y las nuevas políticas en materia educativa y cultural.


Artículo escrito por Katina Ferrer, columnista invitada.

 

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Estudiantes universitarios: ¿cuánto y cómo valoran la lectura?

(c) bingfoundation.org
(c) bingfoundation.org

Estudios referidos a hábitos lectores y nivel de comprensión lectora  en Chile señalan que el perfil de los lectores frecuentes corresponde  al de personas en un rango etario entre 15 y 29 años, de un nivel  socioeconómico alto, medio-alto y con 13 o más años de estudio.  No es casual que los poseedores de dicho perfil sean los mismos que  más adquieren libros, según antecedentes de la Cámara Chilena del  Libro.

Remitiendo este análisis al de la educación superior, la literatura  existente no da cuenta de análisis aplicados a estudiantes de pregrado, lo cual ha generado un desconocimiento acerca del valor asignado al libro en este segmento, en tanto medio de información, de recreación y de enriquecimiento personal. Tampoco se encontraron antecedentes que esclarezcan cuál es el mecanismo que los jóvenes tienen para enfrentar su rendimiento académico a través de la lectura.

Los jóvenes universitarios  son quienes,  teóricamente, más debiesen leer y consumir libros; además, manifiestan autonomía y capacidad crítica sobre las áreas y periodicidad de lectura. Por otro lado, por su formación académica se presupone que desarrollan actividades intelectuales y, por sus años de escolaridad, debiesen tener hábitos de estudio formados total o parcialmente.  La población en Chile, en cuanto a comportamiento lector se refiere, no presenta un escenario auspicioso. La medición internacional IALS (International Adult Literacy Survey) señala que en Chile más del 80% de la población entre 16 y 65 años se ubica bajo el nivel mínimo de comprensión de lectura. Hay quienes manifiestan dichas habilidades muy escasamente, siendo, por ejemplo, incapaces de entender las instrucciones impresas en los envases de productos comerciales. Estos sujetos clasifican en el nivel 1 de comprensión lectora . El nivel 2 es para quienes sólo procesan información que está expuesta en forma clara y evidente, y, aún así, no les es sencillo comprenderla ya que desarrollaron habilidades utilizadas sólo en la cotidianeidad, por lo cual no les resulta fácil hacer frente a nuevas demandas y, menos aún, adquirir más y mejores destrezas en este sentido. Ascendiendo en la clasificación están los alfabetizados funcionalmente, quienes son capaces de entender instrucciones y presentan destrezas que aportan en su rendimiento laboral. Finalmente, los niveles más altos –4 y 5– comprenden e infieren a partir de lo leído, y no sólo eso, sino que además pueden generar nueva información como parte del proceso.

Kenneth Goodman en su artículo «La lectura, escritura y los textos escritos: una perspectiva transaccional y sociopsicolingüística»  postula que existen niveles de comprensión lectora:

  • literal (primer nivel);
  • inferencial (segundo nivel)
  • crítico (tercer nivel)
  • apreciativo (cuarto nivel)
  • creador (quinto nivel)
(c) Libraries & Museum
(c) Libraries & Museum

Lamentablemente, según los estudios aludidos, sólo un 2% de los chilenos está en el nivel 4 y 5. Si este antecedente se analiza respecto al 13% de la población con educación superior (universitaria o técnica) completa, entonces se deduce que menos del 25% de los egresados de universidades chilenas manifiesta habilidades destacables en cuanto a comprensión lectora (niveles 4 y 5). Si a ello se suma que un 11% de jóvenes universitarios en sus últimos años de estudio señalan categóricamente que no tienen hábitos lectores, el escenario se torna cada vez menos optimista.

Se entiende por hábito lector cuando la lectura se realiza en forma automotivada y se ejerce periódicamente (diariamente o varias veces por semana). Bajo este prisma, esta actividad es considerada como una opción más, no sólo de  entretención, sino que como un medio de aprendizaje, adquisición de nuevo conocimiento y acceso a la cultura. Existen variables psicológicas y emocionales que concitan interés por la lectura. Los investigadores Wigfield y Guthrie señalaron  que “la construcción del significado durante la lectura es un acto motivado. Durante la lectura el individuo actúa deliberadamente y con un propósito. Por lo tanto, una explicación en términos motivacionales es crucial para una explicación del acto de leer”. Este factor puede ser decisivo, tanto al momento de optar por leer en vez de hacer otra actividad, como también por escoger qué se leerá. Es por esto que, a la hora de comprender, de proyectar y,  eventualmente, intervenir en el desarrollo de la industria del libro resulta crucial conocer los hábitos y la forma como piensan y discriminan los consumidores de lectura.

El comportamiento de los universitarios es el más interesante en relación con este tema, puesto que ellos pronto ejercerán sus opciones de consumo cultural en el mercado. Existen antecedentes, proporcionados por la Cámara Chilena del Libro, que indican que en los últimos tres años la producción editorial aumentó, en promedio, un 8,4% .

Prosiguiendo el análisis respecto de la variedad de la oferta editorial, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLAC) analizaron la comercialización del libro en Chile, y concluyeron que “el sector librero realiza una inversión muy escasa en acciones de marketing y, generalmente, ésta se concentra en lo que hacen las cadenas de
librerías. Aún así, lo que se realiza es menor y muchas veces de forma esporádica e irregular. Tampoco hay campañas de publicidad conjunta ni del producto en términos genéricos, ni de las librerías como canal de venta”.

No puede dejar de sorprender que esto suceda en un país en vías de desarrollo, en el cual la tasa de inversión del Estado en educación se ha cuadruplicado desde 1990,  en el que se ha incurrido en una serie de reformas destinadas a mejorar la educación –tales como el MECE,  Proyecto Enlaces, proyecto Bibliotecas de Aula , jornada escolar completa entre otras iniciativas– con lo cual se ha invertido en el fortalecimiento del nivel de educación y cultura de los chilenos.

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Este post es la introducción del artículo «Universitarios y lectura: Análisis cuali-cuantitativo  del uso, accesibilidad y valoración de los libros» escrito por Claudia Gilardoni , el cual da cuenta de una investigación realizada el año  2005 y con el auspicio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura a  los estudiantes universitarios de pregrado de la Región Metropolitana en instituciones del Consejo de  Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH) y privadas, de las  áreas humanista y científica, quienes, al momento de realizar dicho estudio, cursaban asignaturas entre el séptimo y el décimo semestre académico. El estudio se centró en este segmento pues constituye una masa crítica importante. Según informes del Consejo Superior de Educación (CSE), su universo alcanza aproximadamente 35.000 estudiantes. El artículo presenta presentó los resultados con  relación al tipo de universidad y al área de estudio, circunscribiendo este último aspecto sólo a Ciencias y Humanidades. Posteriormente, se especializó el análisis y el área de estudio de acuerdo con estudiantes  de carreras de Ciencias Básicas, Ciencias Aplicadas, Ciencias Sociales y carreras de Arte. Ello permitió dilucidar el perfil de los jóvenes según su carrera y su relación con la lectura, lo cual es presentado en este artículo que profundiza el análisis primario.

El estudio fue publicado en diciembre del año 2006 en la revista Calidad de la EducaciónDescargar el artículo en PDF